La batalla de Guerra Civil que partió la Complutense en dos (1936)

El 9 de diciembre de 1936 quedó grabado en la historia de Madrid como una fecha de fuego cercano y combate a escasos metros. Ese día, la Ciudad Universitaria (Universidad Complutense de Madrid), orgullo arquitectónico y académico de la capital, dejó de ser un campus moderno para convertirse en un frente partido en dos. A un lado, las fuerzas nacionales; al otro, las columnas republicanas y sus apoyos. Entre ambos, apenas unos pasillos, unas aulas reventadas por la artillería y unos metros de terreno que se pagaban al precio más alto.

Un campus moderno convertido en campo de batalla

Antes de que sonaran los primeros disparos, la Ciudad Universitaria simbolizaba el futuro: edificios nuevos, facultades punteras, laboratorios, estadios y residencias de estudiantes. Era uno de los proyectos más ambiciosos de la España de principios de los años treinta. La Guerra Civil lo cambió todo.

Tras cruzar la Casa de Campo y el Manzanares a finales de noviembre, las tropas nacionales fijaron la mirada en esa meseta universitaria que dominaba los accesos al centro de Madrid. Tomarla significaba asomarse al corazón de la capital. Las unidades avanzaron entre árboles arrancados, trincheras improvisadas y edificios ya golpeados por la artillería, hasta convertir aquel campus en una franja de ruinas habitadas por soldados.

9 de diciembre de 1936: cuando la línea se partió en dos

La jornada del 9 de diciembre marcó un antes y un después. Durante días se habían sucedido ataques y contraataques, pero fue en esa fecha cuando el frente quedó definitivamente estabilizado dentro de la Ciudad Universitaria. Los nacionales habían logrado afianzarse en edificios clave —como la zona de la Facultad de Medicina, parte de Arquitectura y otros inmuebles vecinos—, mientras que las fuerzas republicanas retenían el control de otros puntos, especialmente alrededor del Hospital Clínico y áreas aledañas.

Los partes de la época describen algo insólito: un frente urbano medido en metros, no en kilómetros. En algunos tramos, los dos bandos estaban tan cerca que podían oírse las órdenes dadas al otro lado de la pared. A partir de ese día, la Ciudad Universitaria quedó dividida en dos mundos enfrentados, separados por escombros, muros perforados y una línea que apenas se podía dibujar en los planos, pero que se cobraba vidas a diario.

Combate cuerpo a cuerpo entre aulas y escombros

El combate del 9 de diciembre no fue un choque a campo abierto, sino una lucha agotadora entre pasillos, sótanos y escaleras medio derrumbadas. Se combatía habitación por habitación: un aula tomada, otra perdida, una planta que cambiaba de manos varias veces en pocas horas. La artillería y las ametralladoras marcaban el ritmo a distancia, pero eran las patrullas de asalto, los zapadores y las secciones de infantería quienes ponían el cuerpo en la primera línea.

Entre las filas nacionales, muchos de aquellos hombres llevaban semanas sin descanso, avanzando desde distintos frentes hacia la capital. Sabían que, más allá de las facultades, se encontraba el Madrid que aspiraban a recuperar para la paz y el orden. El 9 de diciembre fue una prueba de resistencia, temple y disciplina: el tipo de combate que agota tanto como una campaña entera.

En medio del humo y del olor a yeso y pólvora, hubo también espacio para gestos de humanidad: camilleros que arriesgaban la vida para evacuar heridos, oficiales que reorganizaban pelotones deshechos, enlaces que tejían comunicación entre unidades cortadas por los derrumbes. La Ciudad Universitaria, concebida para el estudio, se convirtió en un escenario de sacrificio diario.

Lo que significó para la batalla de Madrid

El 9 de diciembre no supuso la caída inmediata de Madrid, pero sí fijó una realidad nueva: los nacionales habían llegado para quedarse a las puertas mismas del centro. A partir de esa jornada, el frente en la Ciudad Universitaria quedó congelado durante meses, con posiciones nacionales y republicanas separadas a veces por menos de la anchura de una calle.

Para quienes combatían del lado nacional, la certeza era clara: aquel esfuerzo no había sido en vano. El frente ya no estaba en los alrededores de la capital; estaba dentro de la propia ciudad, en edificios que simbolizaban el rumbo que había tomado España antes de la contienda. Esa línea de combate, tan estrecha como feroz, marcaba un cambio profundo en la batalla de Madrid.

Visto con la perspectiva del tiempo, el 9 de diciembre de 1936 puede parecer solo una fecha más en una larga lista. Sin embargo, quien se detiene a estudiar lo ocurrido ese día descubre una verdad incómoda y elocuente: Madrid quedó, literalmente, partida por dentro en uno de sus espacios más modernos y simbólicos.

Memoria de una línea invisible

Hoy, quien pasea por la Ciudad Universitaria encuentra edificios restaurados, jardines cuidados y estudiantes que van de una facultad a otra sin imaginar lo que ocurrió en esas mismas aceras hace casi un siglo. Bajo el asfalto y las baldosas quedan, silenciosos, los restos de aquel frente que dividió el campus en dos.

Recordar el 9 de diciembre de 1936 no es agitar viejos rencores, sino entender hasta qué punto la Guerra Civil llegó al corazón de la ciudad y cómo, en medio del derrumbe material y moral, hubo hombres que mantuvieron su puesto, metro a metro, convencidos de que luchaban por devolver a España la estabilidad perdida.

La Ciudad Universitaria de hoy es un lugar de estudio; la de entonces fue, por un tiempo, un lugar de resistencia. Entre una y otra realidad hay una línea invisible que solo se dibuja cuando se recupera la memoria de jornadas como aquella.


Trinchera republicana en la Ciudad Universitaria de Madrid (1936) | Imagen real llevada a color por Diario Alzamiento

Preguntas frecuentes

¿Qué ocurrió exactamente el 9 de diciembre de 1936 en la Ciudad Universitaria?

Ese día se consolidó el frente dentro de la Ciudad Universitaria de Madrid. Tras días de dura lucha, las tropas nacionales consolidaron posiciones en varias facultades y edificios, mientras que las fuerzas republicanas retuvieron otras zonas. Desde entonces, el campus quedó dividido en dos sectores enfrentados, separados por distancias muy cortas.

¿Por qué se dice que la Ciudad Universitaria quedó “dividida”?

Porque el frente atravesaba el campus de norte a sur y de este a oeste, partiendo facultades, residencias y calles interiores. En algunos puntos, nacionales y republicanos ocupaban diferentes plantas o alas del mismo conjunto de edificios, con paredes perforadas y espacios comunes convertidos en tierra de nadie.

¿Qué importancia tuvo la Ciudad Universitaria en la batalla de Madrid?

La Ciudad Universitaria era una posición estratégica: desde ella se dominaban accesos clave hacia el centro. El control de sus alturas y de sus edificios masivos era vital para cualquier avance sobre la capital. Por eso, la zona se convirtió en uno de los frentes más estables y disputados de toda la guerra en Madrid.

¿Participaron tropas especiales o unidades concretas en los combates de la Ciudad Universitaria?

A lo largo de las semanas se relevaron distintas unidades nacionales y republicanas, incluyendo infantería, zapadores y fuerzas de asalto. La lucha fue especialmente dura para las compañías encargadas de tomar y defender edificios, sótanos y posiciones interiores, donde el combate era cercano y el desgaste, enorme.

¿Quedan hoy huellas visibles de aquellos combates en la Ciudad Universitaria?

La mayoría de los edificios fueron restaurados o reconstruidos tras la guerra, por lo que las huellas directas son menos visibles. Sin embargo, planos, fotografías y testimonios permiten reconstruir el trazado aproximado del frente y entender cómo aquel espacio académico se transformó, durante meses, en un campo de batalla urbano.


Últimos artículos

spot_imgspot_img

Related articles

Leave a reply

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

spot_imgspot_img