En apenas medio siglo, España ha pasado de un sistema fiscal ligero, sencillo y manejable a una estructura tributaria compleja, cara y profundamente burocratizada. Mientras durante los años sesenta y setenta la presión fiscal rondaba el 15–18 % del PIB, hoy supera el 37 %. Este incremento refleja no solo la expansión del Estado, sino también la progresiva erosión de la capacidad de ahorro y estabilidad económica de la clase media.

Evolución de la presión fiscal en España: franquismo vs actualidad
Presión fiscal durante el franquismo (1959–1975)
Tras el Plan de Estabilización de 1959, España vivió un periodo de crecimiento sostenido que permitió el nacimiento de una clase media emergente. Durante esos años:
- La presión fiscal se mantuvo entre el 14 y el 18 % del PIB.
- No existía el IVA.
- Solo una minoría de trabajadores estaba afectada por un impuesto sobre la renta limitado y suave.
- El sistema se basaba principalmente en impuestos indirectos y era administrativamente simple.
Aunque el modelo tenía carencias — ya que, ante todo, se buscaba la austeridad y la simpleza —, para el ciudadano medio significaba algo crucial: se podía ahorrar. Formar patrimonio no era una quimera.
Presión fiscal en España en 2025: IRPF, IVA y cotizaciones
La España actual presenta un sistema tributario propio de un Estado del mal llamado «bienestar avanzado», pero con una carga que recae especialmente sobre trabajadores y clases medias:
- Presión fiscal en torno al 37 % del PIB.
- IRPF altamente progresivo, con efectos de “progresividad en frío”.
- IVA general del 21 % aplicable a la mayoría del consumo.
- Cotizaciones sociales que encarecen el empleo y reducen el salario neto.
La diferencia no es solo numérica: es estructural. El Estado es hoy el doble de grande y mucho más costoso. Y evidentemente, no nos referimos a su territorio, sino a su inacabable casta de chupópteros con cargo en múltiples niveles de una administración pública demasiado compleja.
Cómo ha cambiado el peso del Estado en la economía
La expansión del gasto público —más pensiones (menos natalidad que pueda pagarlas), pagas, subsidios, ayudas y múltiples capas administrativas— ha impulsado un aumento constante de la recaudación. Sin embargo, la mejora de los servicios no ha sido proporcional al incremento fiscal, generando la sensación de que se paga más para recibir menos.
Cómo funcionaban los impuestos durante el franquismo
Ausencia de IVA y limitación del IRPF
Durante el franquismo no existía el IVA y el equivalente al IRPF moderno era un impuesto restringido, aplicado solo a ciertos trabajadores. La mayor parte de la recaudación procedía de impuestos indirectos específicos, lo que simplificaba el modelo y reducía la carga sobre la renta laboral.
Estructura sencilla y baja carga impositiva
El sistema fiscal era simple y, al recaudar poco, interfería menos en la economía familiar. Aunque existían desigualdades propias de cualquier sistema del siglo XX y prácticas poco rigurosas, la realidad cotidiana era clara: los impuestos no eran un obstáculo para prosperar.
Impacto real en el ahorro y en la creación de la clase media
La combinación de salarios al alza, baja fiscalidad y vivienda accesible impulsó la aparición de una amplia clase media. Este grupo social pudo ahorrar, comprar propiedades, irse de vacaciones anualmente y desarrollar estabilidad económica, algo que hoy se ha vuelto extraordinariamente difícil.
La transición fiscal democrática: nacimiento del IRPF y del IVA
La reforma de 1977 y la creación del IRPF moderno
Tras los Pactos de la Moncloa, España adoptó un IRPF moderno, progresivo y universal. Su objetivo era financiar un mal llamado «Estado del bienestar» que necesitaba crecer rápidamente.
Entrada en la CEE y obligación de introducir el IVA
En 1986 España entra en la Comunidad Económica Europea, lo que obliga a sustituir el antiguo Impuesto sobre el Tráfico de Empresas por el IVA, un impuesto masivo que grava prácticamente todo el consumo.
Aumento del gasto público y crecimiento del Estado del Bienestar
A partir de los años ochenta crecen el gasto en sanidad, educación, pensiones y prestaciones sociales. Este cambio transforma por completo la estructura del Estado y multiplica sus necesidades de financiación.
El Estado de las Autonomías: duplicidad administrativa y aumento del gasto
17 gobiernos autonómicos y miles de estructuras paralelas
La descentralización creó un mapa institucional único en Europa: 17 parlamentos, 17 gobiernos autonómicos, miles de organismos, empresas públicas, diputaciones y ayuntamientos. El tamaño del Estado se multiplicó sin reducir la estructura central.
Coste político, asesorías y redes institucionales
El número de cargos públicos, asesores y personal político-administrativo ha crecido de forma imparable. El coste anual de mantener esta estructura supera los miles de millones y pesa directamente sobre el contribuyente.
Impacto presupuestario directo sobre el contribuyente
La duplicación de funciones y la baja eficiencia administrativa han generado un gasto constante que exige cada vez más impuestos para sostenerse, reduciendo la capacidad de ahorro de las familias.
España 2025: por qué los impuestos actuales ahogan a la clase media
IRPF y progresividad en frío
La ausencia de actualización de tramos según inflación provoca subidas silenciosas del IRPF, reduciendo el poder adquisitivo año tras año.
Fiscalidad sobre vivienda: el gran lastre de cualquier ciudadano español
Impuestos sobre transmisiones, plusvalías y gravámenes municipales sitúan a España entre los países OCDE con mayor fiscalidad sobre la vivienda, impidiendo que los jóvenes accedan a un hogar, y reduciendo sus aspiraciones a un alquiler desorbitado de una pequeña habitación en, curiosamente, alguno de los pisos construidos por Franco y facilitados a la clase media de los años 60.
Cotizaciones sociales y salarios estancados
Las elevadas cotizaciones impiden a las empresas subir salarios netos, generando trabajadores con sueldos modestos (realmente bajos si los comparamos con países de nuestro entorno) incapaces de ahorrar.
Cómo la alta tributación dificulta el ahorro
IVA, IRPF, IBI, impuestos especiales y tasas municipales forman una red fiscal que consume una parte desproporcionada de los ingresos de la clase media, dejándola sin margen para construir patrimonio.
Conclusión: un Estado cada vez más caro y con mayor casta política que mantener por un ciudadano cada vez más pobre
¿Qué enseñanzas deja la comparación histórica?
El contraste muestra que un Estado austero y sin afán recaudatorio puede permitir movilidad social y ahorro, mientras que uno sobredimensionado y confiscatorio asfixia a quienes lo mantienen.
¿Por qué la clase media desaparece en España?
La combinación de impuestos altos, salarios bajos, vivienda inaccesible y burocracia creciente erosiona el proyecto vital de millones de personas.
¿Es sostenible el modelo actual?
España no puede sostener indefinidamente un Estado hipertrofiado apoyado en una ciudadanía cada vez más empobrecida. Se requiere una reforma profunda orientada a la eficiencia, la meritocracia y la simplicidad fiscal.
Preguntas frecuentes
¿Se pagaban menos impuestos durante el franquismo?
Sí, la presión fiscal era sustancialmente menor y el sistema era más sencillo. Evidentemente existían desigualdades sociales, pero como las de cualquier estado europeo del siglo XX.
¿Por qué han subido tanto los impuestos en España desde los años 70?
Principalmente por la creación una casta política a mantener (a diferentes niveles: central, autonómico y local), la introducción del IRPF moderno, el IVA y el aumento de la corrupción en todos los niveles del estado.
¿Las autonomías han incrementado el gasto público?
Sí. La descentralización ha multiplicado estructuras administrativas y ha generado duplicidades costosas para el contribuyente.
¿Es España uno de los países con mayor carga fiscal sobre la vivienda?
España aplica una de las fiscalidades más altas de la OCDE en materia de vivienda, lo que dificulta el acceso de jóvenes y familias a un hogar propio.
¿Puede recuperarse la clase media española?
Requiere reformas profundas: purificación del Estado, cambio de sistema político, reducción de duplicidades y un sistema fiscal más equilibrado (y austero) que incentive el ahorro y el trabajo por parte de los españoles.




