El 19 de octubre de 1940, Heinrich Himmler, jefe de las SS, entró en España por Irún para iniciar una visita histórica que lo llevaría a Madrid y al Palacio de El Pardo. Aquella jornada marcó el inicio de la cooperación hispano-alemana y el preludio de la entrevista de Franco con Hitler en Hendaya.

El amanecer del 19 de octubre: un convoy alemán cruza Irún
A las nueve de la mañana del 19 de octubre de 1940, la tranquilidad de Irún se rompió con el rugido de motores y el brillo metálico de los uniformes del Reichsführer Heinrich Himmler, jefe supremo de las SS y uno de los hombres más poderosos de la Alemania nacionalsocialista.
Acompañado de un nutrido séquito de oficiales y agentes de la Gestapo, Himmler pisaba suelo español por primera vez, en un viaje oficial que se extendería hasta el 24 de octubre y cuyo verdadero propósito era estrechar los lazos entre el Tercer Reich y el régimen de Franco, además de preparar los dispositivos de seguridad para la próxima visita del mismísimo Adolf Hitler al Caudillo en Hendaya.
A su llegada, fue recibido por autoridades militares y civiles españolas con todos los honores. Las calles lucían engalanadas con banderas nacionales y símbolos falangistas, y la prensa del Movimiento difundía la noticia como una muestra del prestigio internacional alcanzado por la nueva España, apenas un año después del fin de la Guerra Civil.
El propio Franco había autorizado un protocolo de alto nivel para la delegación alemana, consciente de que aquella visita sería observada atentamente por el mundo entero.
De Irún a San Sebastián: primeras conversaciones y mensajes implícitos
El convoy de Himmler partió rumbo a San Sebastián, donde se hospedó en el Hotel María Cristina, convertido en cuartel general de la misión. Allí se celebraron los primeros encuentros con altos cargos españoles y miembros de la Falange.
El ambiente, según los testimonios diplomáticos de la época, fue de cordialidad tensa: Himmler venía a evaluar de primera mano el potencial militar, policial e ideológico del régimen de Franco. Alemania observaba con interés la evolución del Estado español, que se presentaba ante el mundo como un baluarte católico y anticomunista, aunque sin comprometerse todavía con el Eje.
Durante esas primeras horas, se discutieron cuestiones que iban desde la cooperación policial y de inteligencia —intercambio de información sobre comunistas y masones— hasta la posible alineación estratégica de España en el conflicto mundial.
Los alemanes querían una España útil; Franco, una Alemania respetuosa con su soberanía y sus tiempos.
El viaje hacia Burgos: el espíritu del Nuevo Estado
Al caer la tarde, la comitiva alemana abandonó el País Vasco para dirigirse hacia Burgos, ciudad simbólica del alzamiento nacional, donde durante la guerra civil había tenido su sede el Cuartel General del Generalísimo.
Himmler quiso conocer de primera mano los escenarios de la “Cruzada española”, y en Burgos fue recibido con honores militares, discursos, y visitas a lugares emblemáticos del nuevo Estado.
A medida que avanzaba el día, la prensa española —“Arriba”, “El Alcázar” y “La Voz de España”— destacaba la visita como un acontecimiento histórico de amistad y entendimiento entre dos naciones que compartían una misma visión del orden, la autoridad y el deber.
En los discursos oficiales se repetían palabras como “civilización occidental”, “cruzada contra el marxismo” y “hermandad de destino”. En el fondo, el régimen buscaba algo más: legitimidad internacional en medio de un mundo en guerra.
Un día que cambió el pulso diplomático del régimen
El 19 de octubre de 1940 no fue un día más. Aquel sábado marcó el inicio de una de las operaciones diplomáticas más ambiciosas del primer franquismo: mostrar a Europa que la España de Franco era un país soberano, fuerte y alineado moralmente con las potencias del Eje, sin renunciar a su neutralidad formal.
En Berlín, la propaganda nazi destacaba el viaje como un gesto de amistad hispano-alemana; en Madrid, Serrano Suñer lo consideraba una oportunidad única para afianzar el reconocimiento internacional del régimen y preparar el terreno para algo aún mayor: el encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya, previsto para apenas cuatro días después.
Himmler, por su parte, tomó nota de todo. Observó una España disciplinada, marcada por el reciente conflicto, y un gobierno que había logrado estabilizar un país devastado. Sus informes a Berlín describieron un régimen sólido, de inspiración católica, pero aún poco preparado para una guerra moderna.
Aun así, la visita dejó claro que entre Madrid y Berlín existía una coincidencia ideológica profunda en la defensa de la autoridad, el orden y el anticomunismo.
Epílogo de la jornada: la antesala del encuentro con Franco
Esa noche, ya en Burgos, los oficiales alemanes brindaron en una cena privada. La jornada había sido larga y simbólicamente poderosa. Al día siguiente —el 20 de octubre—, Himmler viajaría a Madrid para su esperada entrevista con el Caudillo en El Pardo.
El 19 quedó grabado como el día en que el Tercer Reich y la España franquista sellaron públicamente su cercanía.
Un día de convoyes negros cruzando la frontera, de saludos militares impecables, de discursos cargados de solemnidad y de una voluntad compartida: reforzar la autoridad del nuevo orden europeo frente a los enemigos de siempre.
Aquel 19 de octubre fue, en definitiva, la antesala del Hendaya diplomático y el preludio de una de las semanas más intensas en la historia internacional del franquismo.




